Muchas personas viven bajo una presión constante por rendir, ser eficientes y no equivocarse. Esa exigencia interna, que a veces ni se cuestiona, puede ser una de las principales fuentes de ansiedad cotidiana.
¿De dónde nace la autoexigencia?
En muchos casos, se relaciona con modelos de crianza, mandatos familiares o ideales sociales de éxito. El problema surge cuando se vuelve una voz interna que no deja lugar al descanso ni al error.
¿Cómo impacta en nuestra salud mental?
La autoexigencia puede generar agotamiento, insatisfacción constante y una sensación de estar siempre en deuda con uno mismo. Esto, sostenido en el tiempo, alimenta estados de ansiedad y angustia.
¿Qué podemos hacer?
Algunas estrategias pueden ayudar, como identificar nuestros pensamientos automáticos, practicar la autocompasión o aprender a poner límites. La terapia puede ser una gran aliada para explorar estos temas en profundidad.